En un giro que ha sorprendido a muchos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido que a partir de ahora la ‘inteligencia artificial’ será conocida como ‘súper inteligencia’. Así lo anunció este martes con una orden ejecutiva que obliga a todos los organismos del Gobierno federal a adoptar este nuevo término en sus comunicaciones. Sin duda, esto no es algo que pase desapercibido.
Una decisión polémica y llena de matices
La medida entra en vigor inmediatamente, aunque las normas y contratos ya existentes no se verán afectados. Trump da un plazo de 60 días al asesor presidencial para Ciencia y Tecnología para presentar una propuesta legislativa que defina oficialmente esta nueva nomenclatura. El presidente justifica su decisión afirmando que las capacidades de estos sistemas han trascendido lo meramente humano: «No estamos hablando solo de imitar o automatizar; esto es el inicio de una era completamente nueva».
Apenas unas horas antes, Trump había estado reunido con casi dos docenas de líderes tecnológicos de Silicon Valley discutiendo los riesgos asociados con esta tecnología. No es casualidad que ahora busque cambiar la percepción negativa sobre la inteligencia artificial entre la población estadounidense, donde muchos sienten temor ante el aumento en las facturas eléctricas y la posible pérdida de empleos por culpa de estas máquinas.
En paralelo a esta controvertida orden, se ha hecho público un comunicado conjunto firmado por Trump y algunos pesos pesados del sector tecnológico como Sundar Pichai (Google) o Elon Musk (X). En él se comprometen a implementar cuatro capas de controles sobre sus modelos para garantizar que no haya riesgos asociados con su uso. Estas medidas incluyen desde auditorías externas hasta comités independientes para supervisar todo el proceso. Los directivos han dejado claro que consideran vital estas acciones para asegurar un «futuro seguro para todos».

