La noche del 17 de septiembre, la tranquilidad de la región rusa de Yaroslavl se vio interrumpida por un incendio en una refinería, resultado de un ataque con drones lanzado por el Ejército ucraniano. Las autoridades locales han confirmado el suceso, aunque aún no se conocen detalles sobre los daños causados. Este incidente se inscribe en la larga y tensa historia que comenzó en febrero de 2022, cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, dio la orden de invasión.
Un mensaje claro desde Yaroslavl
El gobernador Mijail Evraev fue quien comunicó que la refinería sufrió «daños» no especificados, pero también destacó que las llamas ya habían sido «completamente extinguidas». En un intento por calmar los ánimos y tranquilizar a los ciudadanos, añadió que afortunadamente «no hay víctimas». Sin embargo, estos episodios nos recuerdan lo frágil que es nuestra realidad diaria.
A su vez, el Ministerio de Defensa ruso anunció con orgullo que sus sistemas antiaéreos lograron interceptar nada menos que 641 drones durante la misma noche. Estos aparatos fueron lanzados contra varios puntos del país y sobre aguas estratégicas como el mar Negro o el mar Caspio. Con cada nuevo ataque y contraataque, la guerra parece continuar sin fin, arrastrando a todos hacia un futuro incierto.

