Este martes, el eco de la guerra volvió a resonar con fuerza en tierras rusas. Al menos tres personas han perdido la vida tras una nueva serie de ataques del Ejército de Ucrania, que se centraron en la región de Briansk y en la península de Crimea, esa zona tan polémica que Moscú se anexionó en 2014. Las autoridades rusas no tardaron en alzar la voz, denunciando que habían interceptado más de 380 drones ucranianos solo en las últimas horas.
Desgarradoras declaraciones desde el frente
El gobernador de Crimea, Sergei Aksionov, usó sus redes sociales para dar la trágica noticia: «dos personas han muerto y otra ha resultado herida» en Simferopol a causa de lo que él mismo calificó como «otro ataque enemigo». Sus palabras son un grito desesperado ante una situación que parece no tener fin. Con pesar, expresó sus condolencias a los familiares y amigos de las víctimas, pero sin ofrecer más detalles sobre el suceso.
No muy lejos, el gobernador interino de Briansk, Yegor Kovalchuk, también lamentó una muerte más: un hombre fue víctima de un ataque a una gasolinera en Starodub, y además dejó tres heridos más. La escalofriante realidad es que estos episodios parecen repetirse casi a diario.
Añadiendo leña al fuego del conflicto, el Ministerio de Defensa ruso comunicó que habían logrado interceptar 389 drones, incluyendo algunos en los cielos cerca de Moscú. Este hecho marca el retorno a una intensidad bélica alarmante después de un breve respiro tras las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia para intentar hallar un acuerdo pacífico.
Pero mientras todo esto ocurre al otro lado del mapa, Ucrania tampoco se queda atrás. En Kiev han denunciado recientemente dos muertes y diez heridos como resultado de bombardeos rusos; esta es la primera vez que se siente este golpe tan cerca desde aquel parón temporal por las negociaciones.
A medida que avanza este conflicto desolador iniciado con la invasión ordenada por Vladimir Putin hace ya año y medio, nos preguntamos: ¿cuándo llegará la paz?

