En un rincón del Báltico, la tensión se ha apoderado del aire. Este martes, a primera hora de la mañana, la OTAN decidió desplegar aviones de combate turcos en respuesta a una inquietante incursión de drones ucranianos que sobrevolaron el espacio aéreo estonio. El ministro de Exteriores estonio, Margus Tsahkna, no tardó en comunicarlo a través de las redes sociales: «Durante la noche se activaron alertas aéreas después de que unos drones se acercaran peligrosamente a nuestra frontera».
Una reacción rápida y necesaria
Los cazas de la OTAN no perdieron tiempo y despegaron desde la base aérea de Amari, muy cerca del golfo de Finlandia. En palabras del propio Tsahkna, este despliegue demuestra que la Alianza está lista para proteger a sus aliados. Las Fuerzas de Defensa estonias también levantaron rápidamente la alerta aérea tras verificar que no había caído ningún dron en su territorio.
A medida que se desvanecían las preocupaciones por una amenaza inmediata, el ministro recordó lo obvio: «Estos incidentes son consecuencia directa de la agresión rusa contra Ucrania», haciendo hincapié en que es fundamental aumentar la presión sobre Rusia para detener su ofensiva bélica. Mientras tanto, desde Ucrania se celebraba la respuesta estonia, con el ministro Andri Sibiga advirtiendo que estas acciones rusas ponen en jaque no solo a Ucrania sino también a toda Europa.
Sibiga concluyó con un mensaje claro: fortalecer nuestra defensa es vital para evitar que estas amenazas continúen creciendo. «La seguridad de Ucrania y Europa van de la mano», afirmaba con determinación.

