El pasado martes, el Gobierno de Estados Unidos lanzó una bomba que resonará en todo el mundo: ha decidido revocar los visados de corta duración para aquellos extranjeros que han puesto un pie en su territorio pidiendo asilo. Esta decisión, calificada como «la mayor revocación masiva de la historia» por la Casa Blanca, afectará a cientos de miles de personas que buscan un futuro mejor.
Una medida polémica y contundente
Tommy Pigott, portavoz del Departamento de Estado, confirmó esta drástica medida en declaraciones a Europa Press. El objetivo es claro: «identificar y revocar» los visados a quienes entran como turistas o por motivos de negocio y luego solicitan asilo para quedarse permanentemente. En sus palabras, estos visados se expiden bajo la premisa de que son para personas que tienen intención de regresar a casa. Pero ahora Washington considera que usar un visado con el fin ulterior de pedir asilo es nada menos que un fraude.
Pigott no se ha cortado al afirmar que bajo el liderazgo del presidente Trump y del secretario Rubio, se está dejando claro que tener un visado es un privilegio, no un derecho. Y mientras las cifras exactas siguen en el aire, algunos informes apuntan a que podrían ser alrededor de 200.000 personas las afectadas por esta medida tan severa.
Además, este proceso será progresivo y estará acompañado por una defensa férrea del cumplimiento de las leyes sobre visados y asilo. Así las cosas, muchos se preguntan: ¿qué pasará con esas familias e individuos cuyos sueños estadounidenses están ahora más cerca del abismo? La incertidumbre reina entre aquellos que sólo buscan una oportunidad para vivir con dignidad.

