El pasado domingo, el Gobierno iraní alzó la voz para criticar lo que consideró una medida «injustificable»: la expulsión de Nilufar Shadmehri, el agregado cultural de su embajada en Francia. Este hecho, según advierten desde Teherán, podría echar por tierra las relaciones entre ambos países a largo plazo.
Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, no se anduvo con rodeos y afirmó que estas acciones son absolutamente ilegítimas. «Lo que ha hecho Francia es inaceptable y responde a una decisión completamente legítima de Irán», declaró, dejando claro que las tensiones están lejos de disiparse. Además, Irán ha decidido responder expidiendo a dos diplomáticos franceses como represalia por lo sucedido.
Un conflicto que se intensifica
La situación se vuelve aún más compleja cuando recordamos que esta crisis comenzó tras la detención de los diplomáticos franceses el 19 de julio. Desde París denunciaron un trato injusto y los supuestos abusos sufridos a manos de las fuerzas de seguridad iraníes. La respuesta no se hizo esperar; Baqaei subrayó que «tomamos medidas en cuanto consideramos que la Embajada francesa se había extralimitado en sus funciones».
Las palabras del portavoz van cargadas de crítica: «Las relaciones entre Irán y Francia deben sustentarse en el respeto mutuo y en evitar interferencias en nuestros asuntos internos. Siempre habrá avisos si es necesario». Un mensaje claro que invita a reflexionar sobre cómo pequeños conflictos pueden poner en jaque relaciones diplomáticas históricas.

