En la madrugada de este jueves, el horror volvió a asolar Ucrania. Las Fuerzas Armadas rusas desataron una ola de ataques sobre Krivói Rog, la ciudad natal del presidente Volodimir Zelenski. El balance es devastador: al menos seis personas han perdido la vida, entre ellas dos niñas, y hay ocho heridos más.
Un misil balístico lanzado desde Vorónezh impactó directamente en una vivienda de un pueblo cercano a Krivói Rog. Allí, una familia numerosa se convirtió en víctima del conflicto. Oleksandr Vilkul, jefe de la administración militar regional, compartió la dolorosa noticia en redes sociales: dos pequeñas de cinco y doce años fallecieron junto a cuatro adultos. Además, otras ocho personas resultaron heridas, incluyendo a dos niños de solo seis y quince años.
El eco del luto resuena con fuerza
A medida que las labores de rescate continúan entre los escombros, Vilkul advierte que el número de víctimas podría aumentar. «No puede haber perdón para los crímenes de guerra de los ocupantes rusos… Nos vengaremos», afirmó con firmeza en su mensaje. Una declaración que deja claro el profundo dolor y la rabia que sienten muchos ucranianos ante esta situación.
Horas antes del ataque, Zelenski había alertado sobre una posible ofensiva rusa a gran escala. En un tono urgente, hizo un llamado a sus aliados para que comprendieran la gravedad del momento. «La protección de vidas humanas depende directamente de su disposición para ayudarnos con misiles de defensa aérea», expresó claramente el presidente ucraniano, dirigiéndose especialmente a Estados Unidos y su arsenal Patriot.
A medida que se aproxima el invierno, Zelenski ha solicitado un paquete urgente con estos misiles para proteger infraestructuras clave frente a lo que se prevé será una nueva oleada de ataques rusos. La desesperación por obtener al menos 300 interceptores durante estos meses fríos es palpable; cada día cuenta cuando se trata de defender vidas.

