MADRID, 29 de julio. En una noche que debería haber sido tranquila, al menos 20 vidas se apagaron y 32 personas resultaron heridas en Irak debido a los ataques devastadores llevados a cabo por las fuerzas estadounidenses y saudíes contra instalaciones de las milicias proiraníes. Estas milicias, conocidas como las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), han comunicado que el balance de víctimas es aún provisional y podría aumentar mientras continúan evaluando la magnitud del desastre.
Los bombardeos alcanzaron múltiples posiciones en provincias como Bagdad, Wasit, Nínive, Basora, Kirkuk, Kerbala y Diyala. Los estragos son evidentes: edificios destruidos, vehículos destrozados y equipamiento militar reducido a escombros. La cadena Rudaw ha recogido estos datos y muestra la cruda realidad de lo que significa esta escalada bélica.
Un llamado urgente ante la escalada bélica
Las FMP no se han quedado calladas; denunciaron lo que consideran una violación clara de su soberanía, advirtiendo sobre una peligrosa escalada en un conflicto ya tenso. Aunque forman parte del Ejército iraquí legalmente, actúan como una entidad independiente con su propia estructura y financiación. Sin embargo, algunos grupos dentro de estas milicias están comenzando a ceder ante la presión del Gobierno central para entregar sus armas.
El contexto no puede ser más alarmante: el aumento de los bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel ha llevado a Bagdad a exigir un control más centralizado sobre todas las operaciones armadas del país. A principios de junio, dos facciones proiraníes anunciaron su intención de desarmarse y salir de las FMP; esto se produjo justo después de que el influyente clérigo chií Muqtada al Sadr tomara la iniciativa con su grupo Saraya al Salam.

