La situación entre Irán y Estados Unidos ha vuelto a encenderse, y no de la manera más pacífica. En las últimas horas, ambos bandos se han lanzado acusaciones sobre ataques a infraestructuras civiles, una atrocidad que solo refleja el caos reinante en este conflicto. Teherán ha declarado oficialmente que el memorándum de entendimiento firmado el pasado 17 de junio está ahora “suspendido”. ¿Y quién lo dice? Kazem Gharibabadi, viceministro de Exteriores iraní, quien sentenció: “Estados Unidos ha suspendido todos sus compromisos y, como consecuencia, nosotros también”.
Una escalada inaceptable
Parece que la diplomacia se ha esfumado por completo. Amir Saeid Iravani, representante permanente de Irán ante la ONU, se despachó en una carta al secretario general António Guterres denunciando los bombardeos estadounidenses sobre instalaciones vitales para la población civil. ¡Hasta un ataque contra una planta desalinizadora en Hormozgán dejó a más de 10.000 personas sin agua potable!
Esmail Baqaei, portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, condenó esta barbarie asegurando que “así es como Estados Unidos intenta demostrar su supuesta ‘fuerza’: atacando infraestructura civil y matando a inocentes”. No se quedó ahí; también criticó otro ataque que resultó en la muerte de ocho personas. A esto se suma la indignación del ministro Abbas Araqchi por otros tres fallecidos en un ataque al puente Bandar Jamir.
En medio de este fuego cruzado verbal y real, los aliados regionales de Estados Unidos no se quedan atrás. Kuwait denunció haber sufrido daños por proyectiles iraníes dirigidos presuntamente a objetivos militares pero que terminaron impactando en civiles.
Con todo este escenario, uno no puede evitar preguntarse: ¿hasta dónde vamos a llegar? Mientras tanto, las víctimas siguen aumentando; el Ministerio de Salud iraní habla ya de casi 50 muertos, incluidos menores y mujeres.

