En una jornada marcada por la controversia, la Cámara de Diputados de Italia ha dado luz verde a una reforma electoral que no deja a nadie indiferente. La primera ministra Giorgia Meloni ha sido el motor detrás de esta propuesta, que ha levantado ampollas entre la oposición. ¿El motivo? Muchos creen que se trata de un intento descarado por favorecer al partido en el poder ante las próximas elecciones.
Una nueva forma de votar
Con 217 votos a favor y 152 en contra, la ley establece que si una lista o coalición logra alcanzar al menos el 42% de los votos, le serán asignados un total fijo de escaños: 70 en la Cámara de Diputados y 35 en el Senado. Pero aquí viene lo curioso: si no se llega a ese umbral, ¡adiós a esa prima! Los escaños se repartirán equitativamente entre las fuerzas políticas que superen el mínimo del 3%. Además, para mantener cierto control, se fijan límites máximos para los partidos ganadores: hasta 220 asientos en Diputados y 113 en Senado.
Lo más llamativo es que se eliminan las circunscripciones uninominales. Ya no podremos votar directamente por un candidato local; ahora solo tendremos que marcar la sigla del partido o coalición, aceptando una lista cerrada donde no tenemos voz sobre quiénes son esos candidatos. Y como si eso fuera poco, al presentar su candidatura, deberán anunciar quién será su candidato a primer ministro. Esto provoca muchas dudas sobre cómo afectará realmente nuestra representación.
A pesar de algunos intentos por parte de la oposición para incluir una alternancia de género desde el primer puesto en las listas -una medida fundamental para garantizar igualdad- esta fue rechazada. En fin, con este nuevo panorama se siente más que nunca que el poder se aleja del ciudadano común y se concentra aún más en manos privilegiadas. ¿Estamos dispuestos a aceptar esta reforma sin levantar la voz?

