Este jueves, el presidente de Lituania, Gitanas Nauseda, ha dado un paso audaz al sugerir que es hora de cambiar la Constitución del país para eliminar la prohibición sobre las armas nucleares. En un contexto donde Lituania se siente como una especie de «zona gris» dentro de la OTAN, esta propuesta no pasa desapercibida. Tras el reciente movimiento de Finlandia para levantar barreras legales sobre estas armas, Nauseda ha expresado su preocupación por ser prácticamente el único país de la Alianza que se ha impuesto tal restricción.
¿Es Lituania el eslabón débil?
En palabras del propio mandatario lituano, «se trata de una prohibición absoluta, sin reservas». Esta declaración resuena fuerte entre los líderes parlamentarios, quienes coinciden en que esta normativa ya no tiene cabida en los tiempos actuales. La sensación es clara: es necesario avanzar. “Hemos llegado a la conclusión de que ahora es el momento en que tanto el Seimas como yo mismo debemos demostrar liderazgo”, afirmó Nauseda tras reunirse con diferentes grupos políticos.
No solo las palabras del presidente son contundentes; también hay un sentido urgente ante posibles provocaciones desde Moscú. El ministro de Defensa, Robertas Kaunas, ha subrayado que se han reforzado las medidas de seguridad en áreas críticas debido a lo que describió como una “guerra híbrida”, llena de sabotajes y maniobras inesperadas por parte rusa.
A medida que se aproxima una importante cumbre de la OTAN en Ankara, surge una pregunta crucial: ¿será suficiente cambiar las reglas del juego para asegurar la defensa del país? La presión está sobre los hombros del Gobierno mientras se enfrentan a desafíos muy reales y palpables.

