Este lunes, las autoridades israelíes han dejado claro que no piensan hacer las maletas y abandonar Líbano. Su razón es tan sencilla como contundente: la seguridad del norte de Israel. En un momento en que la tensión podría poner en jaque las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, el ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, ha denunciado lo que él llama una “ocupación indirecta” por parte de Irán a través del grupo chií Hezbolá.
La firmeza de Israel ante el desafío
Saar fue directo: “Respetaremos el alto el fuego siempre que Hezbolá no lo rompa”. Y aunque asegura que no tienen ambiciones territoriales en Líbano, deja claro que su zona de seguridad es sagrada y nadie va a poner en peligro a sus ciudadanos con ataques o invasiones. De hecho, recalcó que tanto para ellos como para los libaneses, lo mejor sería desmantelar al Estado terrorista de Hezbolá.
No podemos ignorar que los continuos ataques militares y la presencia constante de Israel en el sur del país vecino son piedras angulares en este complicado rompecabezas diplomático. Por su parte, Irán ha subrayado esta mañana que si quieren avanzar en las negociaciones, deben frenar esos ataques. La balanza está desequilibrada y la búsqueda de una solución parece más lejana cada día.

