MADRID, 27 Abr. (EUROPA PRESS) – La situación en Líbano se ha vuelto insostenible. Desde el pasado 2 de marzo, más de 2.520 personas han perdido la vida a causa de los ataques aéreos israelíes, mientras que otros 7.800 han resultado heridas. Esto sucede a pesar de una tregua que debería haber traído un respiro a la población, pero que claramente no está funcionando como se esperaba.
El Ministerio de Sanidad libanés ha lanzado un grito desesperado al mundo: sus cifras son alarmantes y siguen aumentando día tras día. Mientras tanto, los bombardeos del ejército israelí continúan sin piedad, reavivando el conflicto después de que Hezbolá respondiera a las agresiones contra Irán a finales de febrero.
Un alto costo humano
Y este mismo lunes, la Agencia Nacional de Noticias (NNA) ha reportado más muertes: al menos una persona fue asesinada en Qlailé, cerca de Tiro, mientras que ‘L’Orient-Le Jour’ informa sobre otro ataque en Suané donde murieron dos miembros de una misma familia—un matrimonio—y tres hijos junto con su abuela resultaron heridos. Es desgarrador pensar que detrás de cada cifra hay historias personales truncadas.
En medio de este caos, el presidente estadounidense Donald Trump anunció una prórroga a esta frágil tregua durante tres semanas tras conversaciones entre delegaciones libanesas e israelíes en Washington. Pero ¿realmente sirve para algo? Muchos se preguntan si esas decisiones políticas pueden devolverles la esperanza o si todo es solo un intento vano por calmar las aguas tempestuosas.

