En un giro inesperado de los acontecimientos, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha decidido sancionar a Hengli Petrochemical (Dalian) Refinery Co, la operadora de la segunda mayor refinería privada de China. ¿La razón? Sus estrechos vínculos comerciales con Irán y su ejército. Esto ocurre justo antes de que Donald Trump se prepare para visitar Pekín en una cumbre muy esperada con Xi Jinping.
Una economía que depende del crudo iraní
El comunicado del Tesoro subraya cómo estas refinerías independientes chinas son actores clave en el sostenimiento de la economía petrolera iraní, al adquirir miles de millones en crudo directamente desde Teherán. Mientras las refinerías estatales se apartan del petróleo iraní, los gigantes privados y pequeñas procesadoras han tomado el relevo, aprovechando los descuentos jugosos ofrecidos por el régimen iraní.
Desde 2023, Hengli ha recibido cargamentos de petróleo iraní provenientes de buques sancionados, contabilizando más de cinco millones de barriles. Además, se señala que esta refinería ha sido esencial en la compra de crudo a las fuerzas armadas iraníes a través de Sepehr Energy Jahan Nama Pars, una empresa vinculada al Estado Mayor militar iraní. ¿El resultado? Cientos de millones en ingresos para un ejército que está bajo constante escrutinio internacional.
En paralelo a esta sanción, la Oficina de Control de Activos Extranjeros también ha apuntado a unas 40 navieras y buques cisterna implicados en lo que se conoce como la flota clandestina del petróleo iraní. De estos buques, diecinueve forman parte fundamental del vínculo entre productores y consumidores finales en Asia.

