En un giro inesperado, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha compartido con el mundo una noticia que podría cambiar el rumbo del país. En una reciente reunión con Chris Wright, secretario de Energía de Estados Unidos, se ha anunciado lo que ellos denominan una «asociación productiva» a largo plazo. Una jugada que nos hace reflexionar sobre el futuro de las relaciones entre Caracas y Washington.
Compromiso en tiempos inciertos
Wright no se ha andado con rodeos. Ha dejado claro que el presidente Trump está «apasionadamente comprometido» con transformar la relación bilateral. Al final del encuentro en Caracas, afirmó: «Hoy traigo un mensaje del presidente Trump; está apasionadamente comprometido con la transformación absoluta de la relación entre Estados Unidos y Venezuela». Esto suena a promesa, pero ¿será real?
Rodríguez, quien fue mano derecha de Nicolás Maduro antes de su detención en enero pasado, también se mostró optimista al hablar sobre esta nueva agenda energética. Dijo tener confianza en que las diferencias puedan ser superadas a través de la diplomacia. Es un deseo sincero, aunque uno no puede evitar preguntarse si será suficiente ante el trasfondo histórico cargado de tensiones entre ambos países.
También hubo menciones sobre proyectos relacionados con petróleo y gas natural. El secretario estadounidense enfatizó que su gobierno está trabajando día y noche para facilitar licencias a empresas interesadas en invertir en Venezuela. Suena bien en teoría: más empleo, mayor producción… Pero aquí es donde entramos nosotros, como ciudadanos interesados por lo que realmente suceda.
En este contexto convulso, donde se habla mucho pero se actúa poco, los anuncios pueden convertirse fácilmente en papel mojado si no hay un seguimiento efectivo. La historia nos enseña que las palabras son solo eso: palabras.

