La situación en Siria, una vez más, se torna crítica. Damasco ha confirmado que dos soldados han perdido la vida y varios más han resultado heridos en los recientes enfrentamientos que estallan al este de Alepo. En la ciudad de Maskana, el Ejército sirio se encuentra nuevamente a la ofensiva contra las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una coalición de milicias kurdas y árabes.
Un alto el fuego roto
Las FDS no han tardado en responder, acusando al Gobierno de Damasco de romper el acuerdo que supuestamente debía garantizar un alto el fuego. Este pacto, respaldado por la comunidad internacional, contemplaba la retirada progresiva de sus combatientes para facilitar el regreso del Ejército a varias zonas estratégicas. Sin embargo, lo que ha sucedido esta mañana es todo lo contrario: los militares sirios han irrumpido sin esperar a que todos los efectivos kurdos se retirasen. Es un cóctel explosivo que sólo augura más violencia.
Como si esto fuera poco, las tensiones aumentan cuando vemos cómo la población local sufre las consecuencias de estos enfrentamientos. La guerra no es solo un juego entre facciones; son vidas humanas las que están en juego y cada día es un recordatorio brutal de lo lejos que estamos de una paz duradera.

