En una noche que debería haber sido tranquila, Moldavia se vio envuelta en un caos inesperado. El 30 de noviembre, el Ministerio del Interior decidió cerrar su espacio aéreo durante más de una hora debido a la presencia inquietante de dos drones no identificados. Esta decisión, tomada entre las 22:43 y las 23:53 (hora local), dejó a muchos viajeros en el limbo y provocó alteraciones en varios vuelos.
Un vuelo interrumpido y un peligro real
Las autoridades moldavas explicaron que estos drones sobrevolaban ilegalmente su territorio, poniendo en riesgo la seguridad aérea. Según los informes, los drones habrían seguido su camino hacia Ucrania, pero antes causaron estruendo y nerviosismo entre los pilotos y pasajeros. Por ejemplo, un avión que partía de Barcelona con destino a Chisináu tuvo que aterrizar en Bacau, Rumanía. Otro vuelo desde París también fue desviado, aunque logró llegar a la capital moldava con retraso una vez que se disipó la amenaza.
A medida que el gobierno moldavo activaba sus protocolos de emergencia para salvaguardar a la población, también declaraba estar en alerta máxima. “La República de Moldavia condena firmemente estas acciones ilegales”, expresaban las autoridades, señalando claramente hacia Rusia como responsable de esta situación tensa. La presidenta Maia Sandu no dudó en hacer hincapié en que estos incidentes son parte del contexto bélico actual, donde la vida civil se ve amenazada por actos hostiles.
“Este ataque brutal muestra cómo los cielos moldavos no pueden ser un campo de batalla más”, subrayó Sandu a través de sus redes sociales. Mientras tanto, Kaja Kallas, representante de Política Exterior de la Unión Europea, coincidía al calificar este acto como totalmente inaceptable. Las palabras son contundentes: Moldavia está decidida a protegerse y no permitirá que su cielo sea un peón más en este juego peligroso.

