En el corazón de Mallorca, donde la luz y los colores se entrelazan, vive Teresa Sapey. Esta arquitecta y diseñadora no solo ha hecho de un palacio del siglo XVI su hogar, sino que ha llevado su pasión por el diseño a la gran esfera internacional. Su último proyecto, el paddock de Madring para la Fórmula 1, se convirtió en un auténtico escaparate del talento español.
Este fin de semana, más de 352.000 personas se dieron cita en este evento histórico que prometía no solo velocidad, sino también una explosión cultural y creativa. Con un impacto económico impresionante estimado en 450 millones de euros y la creación de alrededor de 8.000 empleos directos, está claro que estamos ante algo grande.
Un paddock con alma
El paddock diseñado por Sapey es mucho más que un simple espacio para los equipos; es una experiencia única. Ella misma lo describe como un lugar donde cada visitante sienta la esencia española sin caer en clichés. “Queríamos que quien entrara sintiera que estaba en un lugar único”, afirma Sapey mientras habla sobre las dos grandes esculturas solares que dan la bienvenida con su calidez.
Pero no todo se queda ahí. Las piezas dentro del paddock son auténticas obras maestras creadas por seis marcas españolas icónicas. Desde sofás inspirados en La Monumental hasta mesas que reproducen el trazado del circuito, cada elemento está pensado para contar una historia.
Aunque la Fórmula 1 evoca velocidad y precisión, Sapey nos recuerda que hay vida detrás del espectáculo: “Los pilotos son humanos; necesitan descansar y conectarse”. Así, su diseño busca crear espacios acogedores incluso en medio del frenesí competitivo.
Finalmente, al preguntarle sobre su visión colaborativa con estas firmas españolas, Sapey sonríe con orgullo: “Esto demuestra nuestra capacidad para fusionar tecnología e innovación”. A través de Madring, ella ha transformado lo efímero de una carrera en algo duradero: una celebración de nuestra creatividad colectiva.

