Hoy nos despertamos con una profunda tristeza. Ha fallecido Gloria Steinem, la escritora y periodista que se convirtió en un auténtico símbolo del feminismo. A sus 92 años, dejó este mundo en su querido hogar de Nueva York, donde pasó sus últimos años haciendo lo que más amaba: compartir su sabiduría y escribir. En una publicación en Instagram hace apenas nueve semanas, ella misma decía: «Una de las mejores partes de publicar un libro siempre ha sido la oportunidad de recorrer el país, visitar librerías y conocer a lectores de todo tipo». Esa curiosidad insaciable que la acompañó toda su vida es justo lo que la define.
Un legado imborrable
En el comunicado que anunciaba su partida, se resalta cómo Gloria pidió que, en lugar de flores, se realicen donaciones a la Fundación Gloria. Esta iniciativa nació para preservar su apartamento en Nueva York, ese refugio al que tantas personas acudieron buscando inspiración y apoyo. La fundación tiene como misión mantener viva su visión: convertir ese espacio en un punto de encuentro para activistas y soñadores.
Nacida el 25 de marzo de 1934 en Toledo (Ohio), Gloria vivió una infancia marcada por los constantes cambios debido a las dificultades laborales de su madre. Desde muy pequeña entendió las presiones del mundo laboral femenino. A los diez años tuvo que asumir responsabilidades adultas tras la separación de sus padres. Esa experiencia no solo le enseñó sobre resiliencia; también moldeó su perspectiva sobre el matrimonio y la independencia femenina.
Estudió Gobierno en Smith College, algo poco común para mujeres en aquellos tiempos. Tras un paso por India y un aborto a los 22 años -una experiencia que transformaría su visión sobre los derechos reproductivos-, regresó a Estados Unidos decidida a marcar una diferencia. Se convirtió en pionera del periodismo feminista al infiltrarse como ‘conejita’ en el Playboy Club para destapar las duras realidades detrás del glamour.
Fue parte fundamental del nacimiento de New York Magazine y acuñó conceptos clave como ‘libertad de reproducción’. Con cada artículo y cada discurso rompía barreras e inspiraba a nuevas generaciones a luchar por sus derechos. Su sátira «Si los hombres pudieran menstruar» sigue siendo tan relevante hoy como entonces.
A lo largo de los años nunca dejó de luchar ni se escondió ante las adversidades; incluso enfrentó el cáncer con valentía. Apoyó públicamente causas justas hasta el último momento, mostrando una fortaleza admirable. Su legado perdura no solo en sus escritos sino también en cada persona a la que tocó con su voz poderosa y comprometida.

