En una noche que prometía ser inolvidable, Morrissey llegó al Poble Espanyol para poner el broche de oro a la primera edición del Barts Festival. Aunque con un ligero retraso de 11 minutos, lo que no impidió que su carisma y esa voz tan característica llenaran el espacio. A pesar de su fama de cancelador, dejó atrás cualquier rumor y se entregó por completo a sus seguidores.
Una conexión intensa con el público
Casi 68.000 personas disfrutaron durante las 20 noches del festival, pero era Morrissey quien atraía a los más fervientes fans, algunos incluso acampando desde la noche anterior. Y es que ver a esta leyenda del pop en Barcelona es como encontrar una aguja en un pajar; sólo ha pisado nuestros escenarios en contadas ocasiones desde su época con The Smiths.
Antes de arrancar con sus temas más emblemáticos, Morrissey dejó claro que estaba allí por ellos, por sus seguidores. «Estoy aquí por vosotros», decía mientras nos sumergíamos en canciones como A rush and a push and the land is ours, un clásico que nunca había tenido oportunidad de escuchar en vivo hasta ahora. Con su habitual ironía apuntaba: «El mundo se acaba, ¿no lo habéis notado?» mientras la lluvia empezaba a caer suavemente sobre nosotros.
Su setlist incluyó tanto clásicos atemporales como nuevos temas de su reciente álbum Make-up is a lie, aunque algunos fueron recibidos con frialdad. Sin embargo, no todo fue melancolía; cuando sonaron acordes de How soon is now, parecía que la energía regresaba al lugar y la audiencia vibraba con cada nota.
Entre risas y reflexiones sobre la vida pública, cerró la velada con una emotiva interpretación de There is a light that never goes out, dejando un mensaje poderoso: «Creed solo lo que veáis con vuestros propios ojos». En ese instante supimos que este artista sigue siendo una voz crítica e insustituible.

