El Museo del Prado ha logrado lo que parecía un milagro: reunir, después de 150 años, los ocho cuadros que Valeriano Domínguez Bécquer pintó sobre las costumbres populares españolas. Imagina la emoción de ver juntos estos lienzos, un proyecto que se creó para el antiguo Museo de la Trinidad y que desde 1877 había estado disperso por diversas instituciones. Ahora, en la sala 60, podemos disfrutar hasta el 4 de octubre de una serie que nos ofrece un viaje visual a una España rural, retratada sin adornos ni idealizaciones.
Un relato vivo del siglo XIX
Bajo el título ‘El baile. Costumbres populares de la provincia de Soria’, esta exposición se convierte en un atlas visual donde se entrelazan escenas cotidianas, festividades y trabajos del siglo XIX. Valeriano, hermano del famoso poeta Gustavo Adolfo Bécquer, nos presenta una mirada honesta y profunda a su entorno. Es como si estuviera hablando directamente con nosotros a través de sus pinceladas.
Miguel Falomir, director del Prado, resalta la singularidad de estas obras: «Presenta la diversidad geográfica y cultural de España. Es el precedente de lo que haría más tarde Joaquín Sorolla». Y es cierto; Bécquer no se limita a plasmar el folclore típico; va más allá y muestra a campesinos y artesanos con una dignidad poco común para su época.
Cada cuadro viene acompañado por textos descriptivos del propio artista, lo que añade aún más profundidad a nuestra experiencia. Pedro J. Martínez Plaza destaca la importancia de estos fragmentos: «Son un conjunto documental único», dice emocionado. Estos relatos nos permiten conectar con las tradiciones y ceremonias descritas en cada lienzo.
A medida que exploramos esta serie, encontramos historias ricas sobre diferentes localidades como Zaragoza o Soria. En ‘Interior de una casa en un pueblo de Aragón’, las mujeres ocupan el centro del escenario, mientras que ‘Fiesta mayor en Moncayo’ revela una celebración llena de vida con danzantes y vecinos disfrutando juntos.
Aunque muchos piensen que el arte es solo algo decorativo o elitista, Valeriano Bécquer transforma lo cotidiano en arte puro. Sus obras no solo documentan un tiempo específico; también son un recordatorio poderoso sobre aquellos cuya vida diaria ha sido ignorada demasiado tiempo en la narrativa artística tradicional.

