En una conversación que se siente como un paseo por los caminos polvorientos de la España rural, Paulino Guerra, periodista y escritor con una trayectoria de más de 40 años, nos comparte su visión sobre el futuro de los pueblos. Con un tono apasionado y crítico, Guerra no se corta al afirmar que «hay que proteger a la gente de los pueblos, son una especie amenazada».
Originario de Fermoselle, en Zamora, este veterano del periodismo ha dejado atrás las frenéticas redacciones para sumergirse en la literatura. Su reciente obra, Historias tristes de Colomba, es un reflejo íntimo de esa España despoblada que tanto le duele. En sus relatos, el autor dibuja un universo donde la muralla de Zamora se convierte en el escenario perfecto para hablar del olvido y la degradación que afecta a muchos rincones rurales.
La realidad desgarradora del campo
A medida que avanza nuestra charla, Paulino expone sin tapujos lo que ha visto: «Donde hay migración, hay pobreza». Y así es como muchas familias urbanitas han mirado hacia el campo durante la pandemia; sin embargo, ¿realmente están dispuestos a dejar atrás las comodidades? Para él, esto es solo un espejismo. La falta de empleo y servicios básicos en esos lugares hace difícil mantener una vida digna.
Pero no todo está perdido. El escritor destaca cómo el silencio abrumador de los pueblos también puede ser bello; aunque para muchos resulte opresivo. Nos habla del «supremacismo urbano» donde lo rural parece quedar relegado a un segundo plano. Una ideología que amenaza no solo la supervivencia cultural sino también ecológica.
Guerra hace hincapié en algo crucial: si seguimos ignorando las necesidades e inquietudes de quienes habitan estos territorios vacíos, corremos el riesgo de perder tanto su esencia como su gente. Al final del día, nos recuerda algo fundamental: «Proteger al lobo es importante, pero debemos proteger aún más a quienes cuidan la tierra».

