Luis Olivera Marañón, un apasionado escritor y periodista, ha dado vida a la historia de Peter Ustinov en su reciente obra ‘Peter Ustinov en Mallorca’. Este libro no es solo una biografía; es un viaje emocional que nos invita a descubrir cómo el famoso artista, con raíces que se entrelazan con la isla, pasó casi cuatro décadas disfrutando del sol y la cultura mallorquina. Desde 1965 hasta su partida en 2003, Ustinov encontró en esta tierra un hogar espiritual y una fuente inagotable de inspiración.
Un amor duradero por Mallorca
Aquella primera visita en 1965 marcó el comienzo de una profunda relación. El actor llegó con la intención de dar la vuelta a la isla sin prisa, pero terminó enamorándose perdidamente del lugar. “Siempre guardaré buenos recuerdos de Mallorca, tierra de mis antepasados,” confesaba Ustinov a los medios. Y es que no solo era un artista brillante –dos Oscars adornan su carrera– sino también un hombre que sabía apreciar lo sencillo y bello de la vida.
Olivera relata anécdotas entrañables como su llegada al puerto de Porto Cristo, donde los rumores sobre su presencia corrían como la pólvora. Fue aquí donde dejó huella no solo en las pantallas, sino también en el corazón de los mallorquines. Cada verano, se convertía en un veraneante habitual, primero en el Port d’Andratx y luego disfrutando del acogedor Hotel Formentor.
No podemos olvidar su participación activa en la vida cultural local; desde recaudar fondos para UNICEF hasta aceptar homenajes improvisados por compañías teatrales amateurs. Su legado va más allá del cine; es un recordatorio constante del riesgo que corre Mallorca con el turismo desmedido.
“Soy medio mallorquín,” decía entre risas mientras compartía sus raíces familiares venecianas conectadas con esta tierra balear. Un hombre que veía más allá del glamour y entendía las problemáticas sociales actuales: alertó sobre la masificación que hoy asedia nuestra querida isla.
‘Peter Ustinov en Mallorca’ es más que una simple recopilación de anécdotas; es una invitación a reflexionar sobre nuestra identidad cultural y cómo personajes como él contribuyeron a forjarla. A través del relato íntimo y personal de Olivera, redescubrimos ese vínculo irrompible entre un genio mundial y una pequeña isla llena de historias por contar.

