Cultura

El Inferno de la Humanidad: Un Viaje a lo Desconocido

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Después de que el Papa haya emprendido nuevamente su camino hacia Roma, es un buen momento para reflexionar sobre el Infierno. Cada vez más personas se enfrentan a la dura realidad de que podrían acabar ardiendo en las llamas de Satanás, salvo que logren arrepentirse justo al borde de la muerte por las fechorías cometidas. Al igual que el famoso Tenorio, siempre hay un hilo para redimirse y salvar el alma. Pero, ¡pobres almas! Aquellos que dejan el arrepentimiento para el último suspiro.

¿Cómo imaginamos el Infierno?

De pequeño, me contaron historias escalofriantes sobre un lugar de tortura lleno de herramientas diseñadas para infligir sufrimiento: la horca, el potro, hasta los castigos más crueles como la gota china o los golpes con porras. Todo esto sucedía en ese espacio aterrador llamado Infierno. Pero pronto comprendí que esos pequeños infiernos también existen aquí en la Tierra, creados por quienes detentan poder contra aquellos que osan desafiar las verdades impuestas a golpe de represión.

Nuestra infancia postguerra nos dejó una imagen del Infierno repleta de fuego; un fuego voraz que no mata del todo porque su dolor es eterno. Recuerdo cómo una monja nos decía: ‘Los relojes del Infierno solo marcan: para siempre’. Y era aterrador pensar que esos infiernos alimentados por el terror podrían durar eternamente. La maldad humana nunca se extingue completamente y puede resurgir cuando menos lo esperas.

Pensar en la geografía del Infierno resulta interesante. Ya no es necesario recurrir a imágenes fantásticas; ahora vemos reflejado este horror en realidades contemporáneas como las megaprisiones del presidente Nayib Bukele en El Salvador. Al entrar te dicen ‘Bienvenidos al Infierno’, mientras él asegura que ‘esta gente nunca volverá a ver la luz del sol’. Encadenados y sometidos a torturas brutales hasta perder toda humanidad.

Dante Alighieri construyó su propio Infierno con una arquitectura moral donde cada pecado tiene su correspondiente castigo; una forma horrenda diseñada específicamente para cada uno. Durante mis años universitarios se popularizó una frase de Jean Paul Sartre: ‘El infierno son los otros’. Ya no está enterrado ni distante; está aquí mismo, en nuestra mirada y juicio hacia los demás. Pensando en algunos personajes del Congreso español y cómo se atacan mutuamente con insultos y desprecios, no puedo evitar recordar esa visión sartriana del tormento mutuo.

A menudo reflexiono sobre si Europa realmente ha querido enfrentarse a sus raíces profundas de barbarie. Como dijo G. Steiner: ‘El jardín maravilloso de Goethe está justo al lado del campo de Buchenwald’. Quizás deberíamos tomarnos un momento para meditar sobre ello.

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