Cultura

Eurovisión ignora a España en su segunda semifinal mientras Dinamarca y Rumanía brillan

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La segunda semifinal de Eurovisión ha dejado un sabor amargo en la boca de los españoles. Mientras el resto del continente parecía disfrutar, nosotros solo podíamos observar cómo Dinamarca y Rumanía se alzaban como favoritas. Con Søren Torpegaard y Alexandra Cpitnescu al frente, la gala transcurrió sin una sola mención a la ausencia de RTVE, dejando claro que esta edición está marcada por un vacío difícil de ignorar.

Una gala llena de risas pero vacía de emoción

Las redes sociales ardieron tras las burlas hacia Manel Navarro por su famoso gallo en 2017. Aunque ese momento fue innegablemente icónico, resulta desconcertante ver cómo se convierte en objeto de mofa en una noche donde lo que debería primar es la música. RTVE decidió dar un paso atrás debido a la participación de Israel, pero ¿realmente creían que eso iba a pasar desapercibido? La gala discurrió entre risas y actuaciones que no aportaron gran cosa, dejando claro que este festival necesita más que chistes para ser relevante.

A medida que avanzaba la noche, el aplomo de Søren sobre el escenario del Wiener Stadthalle era hipnótico. Su actuación podría no haber sido perfecta vocalmente, pero demostró que puede aportar algo diferente con «Før Vi Går Hjem». Por otro lado, Alexandra Cpitnescu llegó como un torbellino con «Choke Me», llenando el recinto con su energía contagiosa.

Bulgaria también volvió a hacer acto de presencia después de su retirada en 2023 y lo hizo con fuerza gracias a Dara. Su presentación fue todo un espectáculo visual y sonoro; difícil no recordar esos momentos estrambóticos. Y aunque Australia tuvo un paso incierto con Delta Goodrem al piano, logró captar la atención del público al final.

Sin embargo, aquí estamos hablando del Big Five y España no figuró entre los seleccionados para continuar en esta competición tan emblemática. La falta de interés es palpable: las reproducciones han caído drásticamente y muchos aficionados se preguntan si realmente vale la pena seguir apoyando algo que parece estar perdiendo su esencia.

Al cierre de esta gala milimetrada, nos queda una sensación extraña; esa espera entre actuaciones y resultados fue más pesada que nunca. Con países como Chipre o Noruega sumándose a la lista ganadora sin mucho esfuerzo adicional, uno no puede evitar preguntarse: ¿qué pasará si gana Israel? Las dudas flotan en el aire mientras esperamos los veredictos finales.

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