Era 1969, un año marcado por tensiones políticas y una lucha por los derechos humanos que resonaba más allá de las fronteras. En ese contexto, Austria decidió no participar en Eurovisión, señalando a España como el origen del conflicto. ¿Por qué? Porque mientras Franco trataba de vender una imagen de normalidad al mundo, la realidad era bien diferente; el régimen estaba en plena represión y eso lo sabían todos.
Una historia repetida
RTVE no se anduvo con rodeos: si Israel participaba, ellos se marcharían. Y así fue, dejando a España fuera del certamen por primera vez desde que entró en el festival hace más de seis décadas. Junto a Eslovenia, Islandia, Países Bajos e Irlanda, el país se retiró en un gesto claro contra la politización de un evento que debería ser cultural.
Aquel boicot no era nuevo. En 1964, cuando aún no habíamos disfrutado del triunfo, ya hubo protestas. Un activista levantó una pancarta contra Franco durante la actuación de los hermanos ítalo-uruguayos Tony, Nelly y Tim. La tensión fue creciendo hasta alcanzar su punto álgido cinco años después con la victoria de Massiel y una situación que llevó a Austria a abandonar también el festival.
El espectáculo se había montado con gran pompa: 100 millones de pesetas invertidos para impresionar a Europa desde el Teatro Real. Pero tras esa fachada resplandeciente se escondía una dura realidad: España estaba bajo estado de excepción debido a revueltas universitarias y control absoluto sobre los medios.
No obstante, todo esto provocó reacciones inesperadas. A pesar del ambiente opresivo y las restricciones impuestas por el régimen, Salomé logró llevarse la victoria con “Vivo cantando”, marcando un hito histórico que jamás se repetiría.
Así que aquí estamos hoy recordando cómo aquellos años fueron testigos no solo de música sino también de valentía frente a la tiranía. No olvidemos nunca cómo las canciones pueden ser mucho más que melodías; pueden convertirse en poderosos gritos en defensa de lo justo.

