El pasado domingo, Madrid se convirtió en el escenario de un adiós cargado de emociones. Joaquín Sabina, ese artista que ha sido banda sonora de nuestras vidas, dio su último concierto, un evento que él mismo calificó como «el más importante». Ante unas 12.000 almas que lo ovacionaban, el cantautor oriundo de Úbeda (Jaén) dejó claro que este cierre de gira, titulado ‘Hola y adiós’, no solo era una despedida, sino un agradecimiento sincero a todos los que han hecho posible que sus canciones habiten en nuestra memoria colectiva.
Un repaso a la vida a través de sus canciones
Desde el primer acorde hasta la última nota, Sabina nos llevó por un viaje musical que abarcaba casi cinco décadas. Con lágrimas en los ojos y una voz quebrada por la emoción, recordó momentos clave de su trayectoria. «Este concierto es el último y quiero vivirlo intensamente», confesó mientras comenzaba con ‘Un último vals’, una canción llena de significado.
A lo largo de más de dos horas, disfrutamos del eco nostálgico de temas como ‘Calle Melancolía’ y ‘Yo me bajo en Atocha’. Cada letra resonaba con fuerza en nuestros corazones; eran historias compartidas entre él y nosotros. El momento más emotivo llegó cuando relató cómo nació ‘Bulevar de los sueños rotos’, inspirado por Chavela Vargas: «Le canté esa canción a ella mirándola a los ojos», recordó con ternura.
No solo estuvo acompañado por sus músicos; también le hicieron compañía figuras del ámbito político y artístico como Alberto Núñez Feijóo o Ana Belén. Todos estaban allí para rendir homenaje a uno de los grandes referentes musicales del país.
A pesar del final aparente, Joaquín nos dejó claro que esto no significa que desaparezca del mapa musical. A lo largo de su carrera ha enfrentado retos inimaginables, desde problemas de salud hasta caídas espectaculares durante conciertos. Pero siempre ha regresado con más fuerza.
Sabina se despide pero nunca realmente se aleja; su música vivirá eternamente entre nosotros, recordándonos la belleza y complejidad del amor y la vida misma.

