La mañana del 25 de marzo de 2025 se apagó una estrella del deporte español. Juan Aguilera, ese barcelonés que deslumbró en las canchas de tenis, nos dejó a los 63 años tras luchar contra una larga enfermedad. Su vida fue un verdadero viaje por el mundo del tenis y siempre será recordado como uno de esos talentos únicos que brillaron en la década de los ochenta y principios de los noventa.
Un legado imborrable
Aguilera no solo fue campeón de cinco títulos ATP, sino que marcó la historia con su inolvidable victoria sobre Boris Becker en la final de Hamburgo en 1990, donde le endosó un rotundo 6-1, 6-0 y 7-6. Esa imagen tan icónica, con Becker leyendo el diario ‘Bild’ mientras Juan se secaba el sudor con la toalla, queda grabada a fuego en la memoria colectiva. Nacido el 22 de marzo de 1962, cumplió sus últimos años rodeado del cariño de sus seres queridos en un hospital donde finalmente encontró paz.
A lo largo de su vida, cultivó amistades entrañables; entre ellas su relación con Alicia Ordiñaga y Fernando Luna, su primer rival en una gran final profesional. En sus últimos días pudo rememorar risas y anécdotas junto a amigos como Tito Tous o Jordi Arrese. A pesar de llevar mascarilla por su estado delicado, no perdió esa chispa que lo caracterizaba. Y para cerrar ese capítulo lleno de historias vividas, su última voluntad fue disfrutar una cerveza bien fría.
El tenista alcanzó el séptimo puesto del ranking ATP en septiembre del ’84 y decidió colgar la raqueta siete años después con un balance más que notable: 146 victorias frente a 141 derrotas. Aunque nunca llegó a las semifinales de un Grand Slam —su mejor resultado fueron unos octavos en Roland Garros— dejó claro que tenía talento para regalar: acumuló siete triunfos ante jugadores del top10. Su famoso revés cortado perdurará como uno de los grandes gestos técnicos del tenis.
Y aunque hoy nos duele despedirnos, sabemos que el apellido Aguilera seguirá resonando gracias a su hija Itziar. Juan Aguilera se va físicamente pero deja un legado imborrable y una profunda tristeza entre quienes tuvieron la suerte de conocerlo.