El sueño de muchos se hace realidad. Josep Cerdà, un hijo de Pollença, vuelve a la que siempre ha sido su casa: el RCD Mallorca. Tras pasar por equipos como el FC Barcelona B o la Ponferradina, su regreso a la isla es más que un simple fichaje; es una auténtica emoción desbordante. En sus propias palabras, cuando se confirmó su llegada, lo primero que hizo fue llamar a su familia. «Sentí mucha alegría», asegura con esa chispa en los ojos que solo tienen los que regresan al lugar donde crecieron.
Un regreso lleno de recuerdos
Cerdà no oculta lo especial que es este momento para él. Creció en las instalaciones de Son Bibiloni, donde su padre lo acompañaba a cada entrenamiento. «Siempre he guardado mucho cariño por este club», reflexiona. Para él, volver es como reencontrarse con un viejo amigo y no puede evitar sonreír al recordar su primera visita a Son Moix, aunque era tan pequeño que solo queda una foto familiar como recuerdo.
El camino hasta aquí no ha sido fácil. Días de incertidumbre y dudas marcan el proceso, pero cuando apareció la opción del Mallorca supo que tenía que ser así: «Desde el primer momento sabía que quería venir». Ahora, con LaLiga Hypermotion a la vuelta de la esquina y el debut ante el Real Valladolid en el horizonte, Cerdà está decidido a dejarlo todo en el campo para alegrar a esa afición bermellona que tanto ama.
“Este es un proyecto muy bonito y único”, dice Cerdà mientras se prepara para afrontar una temporada exigente. Su mensaje es claro: “Tenemos que hacernos fuertes en casa e ir a por nuestro objetivo”. Así habla un verdadero mallorquinista.

