Cuando miras a Demichelis, esa figura tan peculiar que parece sacada de una película, no puedes evitar sonreír. Con su chaqueta ceñida y ese botón que parece estar a punto de estallar, uno se pregunta si realmente está preparado para dirigir al equipo. Y luego está su peinado, engominado y juvenil, como si tuviera 15 años. ¡Es el míster de nuestro Mallorca!
Pero lo más sorprendente es lo que vemos en el campo. Tras unas semanas bajo su mando, los números hablan por sí solos: 11 puntos de 18 posibles en las últimas jornadas. Al fin y al cabo, estamos fuera del descenso, aunque sea por un pelo. Si hoy se acabara todo (y con la situación global ya no sería tan raro), nos encontraríamos en Primera División cuando hace poco nadie lo habría imaginado.
La esencia del juego
Los rojillos han tenido sus altibajos; podían haber ganado ante el Valencia o incluso haber perdido por ese famoso penalti que tanto reclaman los valencianistas. Pero lo cierto es que los chicos de Demichelis saben muy bien a qué juegan. Puede que no sean los mejores, pero tienen coraje y organización. Van hacia adelante sin miedo, buscando ese gol que les permita respirar un poco mejor.
En estas seis jornadas restantes tenemos mucho por hacer: cuatro partidos fuera y dos en casa donde esperamos recibir al Villarreal y al Oviedo. Y sí, sabemos que hay esperanzas de mantenernos en la máxima categoría del fútbol español.
Demichelis tiene razón cuando dice que ha comprado felicidad para todos nosotros. Cada partido vivido con pasión nos hace sentir más vivos; incluso sus derrotas son dignas porque este equipo lucha y se siente representado en cada jugada.
Y mientras Virgili aprende el arte del fútbol bajo su mando –porque aquí no se juega sin defender– seguimos soñando con una permanencia que parece cada vez más posible. Así que sí, esto ya tiene otra pinta ¿verdad? Sí, definitivamente sí.

