En Son Moix, la tensión se palpaba en el aire. El Mallorca estaba dando la campanada al mantener un 1-0 frente al Real Madrid, y todos los ojos estaban puestos en Luvumbo. Ese jugador que muchos criticaron cuando llegó, pero que hoy se mostraba como un torbellino por la banda. Era un auténtico quebradero de cabeza para la defensa madridista, hasta que Martín Demichelis decidió hacer algo sorprendente: lo retiró del campo.
Una decisión arriesgada
Con apenas diez minutos para el final, esa decisión dejó a más de uno con la boca abierta. ¿Por qué quitar a tu mejor hombre en ataque? En un momento donde todo parecía ir bien, facilitó las cosas al rival. Y claro, no pasó mucho tiempo antes de que los blancos se volcaran en busca del empate. No sé ustedes, pero yo lo vi venir. Si esto lo hubiera hecho otro entrenador como Aguirre o Arrasate, seguro que estarían recibiendo críticas por su cobardía.
Sin embargo, era Demichelis quien estaba bajo la lupa tras haber desperdiciado marcadores favorables previamente ante Osasuna y Elche. Pero esta vez había algo diferente: Vedat Muriqi apareció como el salvador en el último suspiro. Cuando ya se pensaba que todo estaba perdido y el equipo podía haber dejado escapar una victoria increíble, Muriqi anotó a los 91 minutos y selló el triunfo del Mallorca.
Su alegría era palpable; después de tantas lágrimas por caídas pasadas con Kosovo y fallos dolorosos en momentos cruciales, este gol significaba mucho más que tres puntos. Era una redención personal y una salvación para un técnico que casi naufragó con su estrategia defensiva frente a uno de los gigantes del fútbol.

