El pasado domingo, el SoFi Stadium en Inglewood, California, fue testigo de un emocionante duelo entre México y Panamá. Con un penalti en el último suspiro y la destreza goleadora de Raúl Jiménez, los mexicanos lograron llevarse la victoria por 2-1, conquistando así la Liga de Naciones de CONCACAF. Este triunfo marca un hito en la carrera del entrenador Javier ‘el Vasco’ Aguirre y su colega mallorquín Toni Amor, que ya han comenzado a dejar huella.
Un partido cargado de emociones
Los 70.000 espectadores que llenaron las gradas no podían imaginar lo que estaba por venir. Desde muy temprano en el encuentro, Jiménez puso al Tri por delante a los 8 minutos. Sin embargo, la alegría duró poco; Adalberto Carrasquilla empató para Panamá justo antes del descanso con otro penalti que dejó a los aficionados mexicanos en vilo.
A pesar de tener más posesión en el segundo tiempo, México se encontró con una defensa panameña bien organizada que les hizo difícil generar ocasiones claras. En medio del desánimo y con el reloj corriendo, los hinchas comenzaron a entonar un grito homofóbico dirigido al portero rival, lo cual llevó al árbitro guatemalteco Mario Alberto Escobar a interrumpir el juego. Pero cuando parecía que todo estaba perdido para los aztecas, apareció un error infantil del defensa panameño José Córdoba: una mano innecesaria dentro del área brindó a Jiménez la oportunidad perfecta para sellar su victoria desde el punto fatídico.
Con este triunfo, México no solo se lleva su primer título en esta competición tras tres victorias consecutivas de Estados Unidos; también reaviva las esperanzas de una afición hambrienta de éxitos internacionales. Así termina un capítulo más en la historia del fútbol mexicano, uno lleno de emoción y sorpresas.