Con 88 años y una energía que contagia, Paco Frau nos recibe en su hogar de Palma, donde las vitrinas rebosan trofeos, copas y recuerdos que narran su historia como deportista y promotor del tiro al plato. Se le considera el ‘padre’ de esta modalidad en las islas, un verdadero pionero que no solo formó parte del equipo nacional, sino que estuvo activo hasta 1978. Pero lo curioso es cómo todo comenzó casi por casualidad.
«Tenía una finca agrícola cerca del aeropuerto. De joven iba a cazar guàtleres, aunque nunca me aficioné a la caza», recuerda mientras hojea fotografías de su trayectoria como tirador. Un amigo de su padre le prestó una escopeta para probar suerte en Son Ferriol y, ¡vaya sorpresa!, ganó una copa en su primera competición. «Mi padre me compró una escopeta después de eso», añade con una sonrisa.
Un camino lleno de logros
A finales de los 50, el tiro al plato era casi un desconocido en Mallorca: ni competiciones ni infraestructuras. Así que Paco decidió actuar; junto a otros entusiastas fundaron la Federación Balear de Tiro al Plato en 1959 e incluso viajaron a Madrid para hacer oír sus voces. Con esfuerzo, lograron establecer lo que hoy es la Real Federación Española de Tiro Olímpico.
Paco empezó como director técnico y luego fue presidente entre 1964 y 1970. Gracias a sus gestiones, trajo maquinaria para crear campos de tiro cerca de Can Valero y Son Anglada, lo que catapultó al Club de Tiro Mallorca hacia el éxito fuera de las islas. «Fui campeón de España en 1969 y pasamos de ser seis o siete a casi 3.000 personas practicando este deporte», rememora con orgullo.
No busca protagonismo cuando se le menciona como ‘padre’ del tiro al plato en Baleares; prefiere hablar sobre cómo llevó este deporte a todos los rincones insulares e incluso más allá: Menorca y las Pitiusas también fueron testigos de su pasión por el tiro.
A nivel internacional, Paco Frau cosechó triunfos memorables: campeón en Portugal y subcampeón individual en España entre otros hitos importantes. Hoy sus vitrinas reflejan un palmarés impresionante.
«He dedicado tiempo y pasión al tiro al plato; me ha dado muchas satisfacciones», dice mientras acaricia un trofeo especial: una pequeña escopeta dorada que simboliza todo lo logrado. Aunque ahora prefiere mantener distancia con las armas dentro de casa, cada objeto aquí cuenta historias intensas que han dejado huellas emocionales imborrables.

