En el Portixol, donde el mar se encuentra con los sueños, Nacho Baltasar se aferra a su iQFOiL con una determinación palpable. Este joven palmesano, nacido en 2004, es la gran promesa española en la clase masculina de este deporte. Su mirada está fija en Los Ángeles, y no deja lugar a dudas: «Quiero llegar preparado para no depender de una protesta y estar arriba».
Un nuevo comienzo tras París
El camino no ha sido fácil. Tras su debut olímpico en Marsella durante los Juegos de París 2024, Nacho ha aprendido que las segundas oportunidades son vitales. «Este año ha sido clave para recuperar terreno», explica mientras comparte su lucha por equilibrar estudios (estudia INEF) y entrenamiento. «Es complicado compaginarlo todo; te exige mucho y si te sales del ritmo, es difícil volver».
A pesar de los desafíos, este año se siente más sereno. La presión que sintió en 2024 fue abrumadora, pero ahora tiene claro que el Trofeo Princesa Sofía Fergus es un examen importante antes del Mundial de Aarhus (Dinamarca) el próximo julio. «Me gustaría hacerlo bien ante mi gente», reconoce Nacho, enfatizando que un buen resultado le daría alas para comenzar la temporada con fuerza.
«Siempre aspiro a estar arriba», añade con convicción. Para él, el Mundial será el gran desafío: «Hay que llegar en plena forma para saber dónde estamos». Y mientras visualiza ya Los Ángeles 2028, sabe que hay mucho trabajo por delante: «Es un reto complicado y tengo que estar al 100%».
Pese a las heridas de su experiencia pasada—una salida dura y cruel tras quedar fuera de la Medal Race debido a una protesta—Nacho toma fuerzas de cada obstáculo. Con solo 20 años, mira hacia adelante con una motivación renovada: «Queremos llegar allí con la experiencia adquirida en París y competir fuerte».
Después del Mundial, habrá dos semanas para recargar energías antes de explorar el campo de regatas olímpico en Los Ángeles este verano. Un paso más hacia sus esperadas segundas olimpiadas. La historia de Nacho Baltasar está lejos de concluir; está resurgiendo con más fuerza que nunca.

