El Gran Premio de Bahréin nos dejó a todos boquiabiertos. Imagínate, el primer inicio de la temporada bajo la lluvia y, de repente, ¡pum!, un apagón generalizado en varios coches. Pedro De la Rosa, un viejo zorro de la Fórmula 1, lo resumió bien: «Nunca había vivido algo así». La carrera comenzó con retraso por las tormentas típicas de Malasia, pero nadie esperaba lo que iba a pasar después.
Un espectáculo caótico
Con casi 40 minutos de espera, los coches finalmente se lanzaron a la pista calzados con neumáticos intermedios. La imagen era surrealista: los monoplazas luchando contra el agua mientras algunos sufrían problemas eléctricos justo detrás del coche de seguridad. El mismísimo Max Verstappen gritaba que no tenía gas y mientras eso pasaba, Lewis Hamilton se encontraba en una situación aún más complicada; su Ferrari apenas podía moverse.
Detrás del muro de Ferrari, los ingenieros intentaban descifrar el misterio. «Es un problema de software», decían al ver cómo su coche avanzaba como si estuviese atrapado en un atasco.
Y entonces llegó la bandera roja. No solo Hamilton quedó parado; otros pilotos como Ocon o incluso los Cadillac también se vieron afectados. Un completo descontrol que mostró que no todo estaba tan coordinado como debería entre los equipos. Era un nuevo desafío para todos bajo la lluvia torrencial.
A medida que el caos se asentaba, el asfalto comenzaba a secarse rápidamente y las condiciones cambiaban radicalmente para los pilotos. Sin duda, este fue uno de esos inicios únicos que quedarán grabados en nuestra memoria durante muchas temporadas.

