El pasado fin de semana, el Circuito de las Américas se convirtió una vez más en un escenario dramático para Toyota. A falta de solo 15 minutos para que la bandera a cuadros ondeara, el equipo nipón vio cómo su ansiado triunfo se escapaba por un fallo mecánico en el #7, pilotado por De Vries, Kobayashi y Conway. Todo parecía ir viento en popa: buena estrategia, ritmo imbatible y sin errores aparentes hasta que el destino les jugó una mala pasada.
El giro inesperado
La carrera había empezado con lluvia y condiciones complicadas, pero Toyota había logrado sortear todos los obstáculos… excepto uno: un fallo hidráulico que dejó a De Vries sin dirección y obligó al equipo a abandonar cuando ya estaban listos para celebrar. “Habíamos hecho todo bien”, comentaron resignados. Mientras tanto, Miguel Molina y su equipo del Ferrari #50 no podían creer su suerte; heredarían la victoria cuando todo apuntaba a que terminarían segundos. Un resultado que saben que no les dará opciones al título este año, pero ¡qué manera de dar la campanada en tierras estadounidenses!
En medio de esta montaña rusa emocional, el Ferrari #50 brilló al final gracias a los tropiezos ajenos. Con cada vuelta, la tensión crecía mientras los pilotos luchaban por sus posiciones en un sprint final que no dejaba espacio para errores. Y aunque algunos equipos como BMW se hundieron con BOP desfavorable y acabaron fuera de los puntos, otros supieron aprovechar las oportunidades.
A pesar del sabor amargo para Toyota y sus seguidores, hay esperanza en el aire: dentro de tres semanas tendrán otra oportunidad en casa durante las 6 Horas de Fuji. Esta vez será su terreno favorito, donde buscarán redimirse tras este descalabro. Sin duda alguna, ¡el espectáculo está servido!

