El Gran Premio de Italia no ha sido el escenario soñado para Fernando Alonso. Tras apenas 25 vueltas, su coche dijo basta, dejando al asturiano con un sabor agridulce y muchas preguntas. Desde el principio del fin de semana, los equipos de Aston Martin ya sabían que iba a ser complicado. ‘Este es uno de los momentos más difíciles de la temporada’, repetían como un mantra. Y vaya si lo fue.
Un abandono inesperado pero necesario
Con su contador estancado en solo tres puntos —los obtenidos en Mónaco y Zandvoort—, la frustración era palpable. A pesar de las esperanzas, Alonso sufrió una salida de pista en Lesmo 2 que dañó su monoplaza. “Me salí en la curva 7 y desde ahí ya no me sentía cómodo”, confesó entre respiros profundos durante la charla con los medios. No era el abandono surrealista del año pasado, pero este le dolió igual. La carrera se convirtió en una lucha sin sentido contra los Cadillac, que le dejaron claro que este fin de semana iba a ser más sobre resistencia que sobre velocidad.
“Si estamos lentos y con daños, no hay motivo para seguir”, reflexionó Alonso, poniendo en evidencia los problemas constantes a los que se enfrenta su equipo. La unidad de potencia sigue siendo un quebradero de cabeza; Honda identificó fallos eléctricos pero aún así parece que la solución está lejos.
Las palabras del piloto resonaron: “Para las próximas carreras habrá fines de semana duros, pero también habrá otros donde podamos estar mejor”. En medio del desánimo por lo ocurrido en Italia, Alonso guarda algo de esperanza para el próximo Gran Premio en Madrid: “Quizá ese sea el fin de semana que necesitamos”. Aunque no piensa hacer anuncios sobre su futuro, sí dejó claro que tiene una determinación férrea: buscar un 2027 mucho mejor.

