El Gran Premio de Italia ha sido el escenario donde Lewis Hamilton ha recuperado parte de la confianza que parecía haberse esfumado. Después de un tiempo en la sombra, el británico mostró su mejor cara en Monza, alzándose con un sexto puesto que le devolvió la sonrisa. En tan solo 24 horas, pasó de estar sumido en sus pensamientos durante la clasificación a deslumbrar con una actitud renovada el domingo.
Un cambio de rumbo inesperado
“Me sentí realmente cómodo con el coche. Estaba muy contento”, confesó Hamilton tras la carrera, dejando claro que los adelantamientos fueron una verdadera delicia para él. A pesar de haber empezado desde atrás debido a una penalización, logró remontar y demostrar su valía. Aunque no peleó por el podio, su imagen fue más positiva que en otras ocasiones.
Además, Hamilton se dio el lujo de batir un récord al adelantar a Bortoleto a 363 km/h gracias al DRS, aunque no alcanzó las cifras estratosféricas logradas por otros pilotos en años anteriores. “Es increíble firmar una actuación así frente a los Tifosi”, expresó con gratitud hacia los aficionados italianos.
A medida que se acercan nuevas pistas como Bakú, donde las largas rectas podrían favorecerle aún más, Hamilton parece haber encontrado un nuevo impulso moral. No se trata de un nuevo Lewis Hamilton; es uno que ha decidido confiar más en su nueva aventura con Ferrari y aprender sobre la marcha. Su evolución es palpable y eso se nota en cada curva.
Aunque todavía no ha logrado subirse al podio esta temporada –un hecho inédito para alguien de su calibre– la sensación es diferente. Ya no carga con la autocrítica feroz que mostró tras algunas carreras decepcionantes; ahora camina erguido y seguro, aunque aún debe tener cuidado para no caer demasiado cerca del récord negativo.

