El Gran Premio de Tailandia fue un espectáculo para Marc Márquez, pero lo que muchos no saben es que el piloto se enfrentó a una trampa inesperada. Con temperaturas exteriores marcando 36 grados y un asfalto ardiente a 50, ¿cómo era posible que tuviera que preocuparse por calentar aún más su goma delantera? La respuesta está en una norma de seguridad que parece más capricho que sensatez.
Las reglas del juego
Michelin, el proveedor de neumáticos, establece unas presiones mínimas para cada carrera, y en Buriram esa presión debía estar entre 1.6 y 1.8 bares. En este caso concreto, la delantera se fijó en 1.77 bares. Si los pilotos no cumplen con este requisito, hay sanciones, ¡y no son pequeñas! A Marc le costó nada menos que 16 segundos en Assen el año pasado por algo similar.
A pesar de todo esto, nuestro octocampeón lo tuvo claro desde el principio. Se dio cuenta rápidamente de que necesitaba ajustar su estrategia: “Frenaba más fuerte al verlo para que subiera la presión”, confesó después de la carrera sobre su pilotaje inicial. Y es que liderar no siempre es ventajoso; necesita aire fresco para mantener esos neumáticos en condiciones óptimas.
En un movimiento inteligente, dejó pasar a su hermano Álex para beneficiarse del calor acumulado detrás de él, asegurándose así de tener la temperatura necesaria cuando realmente importaba: en las últimas vueltas.
Aún con estos obstáculos y ajustes estratégicos, Marc mostró una gestión excepcional durante toda la carrera. “Estamos aprendiendo juntos como equipo”, afirmó tras cruzar la meta con ese brillo especial en los ojos. Al final del día, esta aventura sobre dos ruedas nos recuerda lo impredecible y apasionante que puede ser MotoGP.

