En un ambiente tenso, el abogado de Agustina Cosachov, la psiquiatra del icónico Diego Armando Maradona, no se anduvo con rodeos. Su petición fue clara: absolución para su clienta. Mientras tanto, lanzaba dardos contra Nancy Forlini, la coordinadora de cuidados domiciliarios que, según él, había puesto piedras en el camino del seguimiento clínico del astro durante su tratamiento en casa.
Un alegato lleno de emociones
La Fiscalía ya ha pedido ocho años de prisión para Cosachov y diez de inhabilitación profesional, acusándola nada menos que de homicidio simple con dolo eventual. Esas palabras pesan como una losa sobre el juicio. Pero el abogado Mischanchuk defendió su postura con firmeza: «La prepaga se encargó de ocultarle información a mi clienta», dijo. Y es que las comunicaciones entre médicos y enfermeros estaban cortadas por orden de Forlini. ¿Qué tipo de seguimiento podía tener Maradona en esas condiciones?
Mischanchuk incluso presentó audios donde se escucha a Forlini advirtiendo que sería la única intermediaria entre los médicos y el equipo sanitario. La angustia era palpable mientras relataba cómo Cosachov intentó romper esas restricciones porque nunca dejó desamparado al paciente.
Aún así, reconoció lo innegable: Maradona era un paciente con problemas cardíacos serios. Sin embargo, dejó claro que ella no tenía acceso a datos vitales sobre su estado. «Nadie le dijo que tenía taquicardia o hipertensión; esa información iba a parar solo a manos de Forlini», explicó.
El defensor argumentó también sobre la decisión controversial de mantener al futbolista en su hogar tras una operación delicada en vez de ingresarlo en una clínica. Aunque aceptó que llevarlo a rehabilitación hubiera sido lo ideal, remarcó que eso requería el consentimiento del propio Maradona.
El alegato resonó bien dentro del tribunal e incluso llegó al corazón de las hijas del futbolista, quienes expresaron su gratitud hacia Mischanchuk por su enfoque humano y comprensivo. Gianinna Maradona no tardó en compartir sus pensamientos en Instagram: «Ahí está la enorme diferencia entre hacer tu trabajo siendo un ser humano y defender sin denigrar».
Con este trasfondo emocional y cargado de críticas directas hacia los responsables del cuidado del ’10’, queda claro que esta historia va mucho más allá del juicio; es un recordatorio desgarrador sobre la responsabilidad compartida en la salud y bienestar humano.

