La historia de Fermín es un relato de superación. Este joven mediocentro del Barça, que regresó a la selección tras perderse el Mundial por una inoportuna lesión, no ha dejado que las adversidades lo detengan. En una entrevista con Mundo Deportivo, compartió cómo esos meses difíciles le enseñaron a valorar cosas tan simples como el poder caminar y entrenar cada día.
“Gracias a Dios, nunca me había lesionado de gravedad y era la primera vez que me pasaba en un momento tan inoportuno”, reflexiona Fermín. Con sinceridad, admite que lo pasó realmente mal durante el verano. “Me dolía mucho no estar en el Mundial, yo con la venda en el pie, tirado en el sofá mientras los demás jugaban”, confiesa. Pero también reconoce que esa experiencia le hizo apreciar cada entrenamiento y cada instante sobre el campo.
Aprendiendo a disfrutar del día a día
A medida que los días pasaban y se sumaba experiencia al dolor, Fermín comenzó a superar la tristeza inicial. “Al final pude ver casi todo el Mundial”, dice con una sonrisa nostálgica. Mantenerse conectado con sus compañeros fue fundamental; incluso Lamine tenía preparada una camiseta para dedicarle un gol si marcaba, aunque esa oportunidad no llegó.
Hoy por hoy, Fermín vive un gran inicio de temporada tanto él como su equipo. Sin embargo, es consciente de que siempre hay espacio para mejorar: “No me pongo metas porque creo que aún puedo pulir muchas cosas. Cada año voy mejorando y eso es lo importante”. Su ambición es clara: seguir creciendo y disfrutando del juego.
No obstante, también levanta la voz ante otro tema crítico: el calendario futbolístico. “El parón de selecciones corta nuestra progresión después de un arranque muy positivo”, señala Fermín con preocupación. Y así queda claro; son los jugadores quienes sufren las consecuencias de decisiones ajenas al terreno de juego.

