No hay palabras para describir lo que vivimos anoche en el Martínez Valero. El Real Madrid, dirigido por José Mourinho, empezó como un auténtico vendaval, pero en la segunda parte se esfumó como el humo. Con una ventaja de dos goles a su favor, parecía que tenían todo bajo control, pero al final se dejaron llevar y casi caen en un desastre inesperado.
Un partido de locos
Los primeros 45 minutos fueron pura magia: Arda y Mbappé hicieron lo suyo y parecían ponerle alfombra roja a una victoria segura. Pero, ¿qué pasó después? La historia tomó un giro increíblemente extraño. Tras el descanso, el Madrid se convirtió en un equipo tímido, permitiendo que el Elche recuperara terreno y metiera miedo con cada jugada. Se desvanecieron las estrellas blancas; Arda desapareció y la confianza del equipo se fue por la ventana.
Mourinho intentó revertir la situación llenando el campo de delanteros; acabó con tres nueves: Mbappé, Endrick y Espí. Pero incluso eso no fue suficiente ante un Elche que no desaprovechó ni una sola oportunidad. El miedo estaba palpable entre los madridistas mientras veíamos cómo la ventaja se evaporaba.
Aunque al final lograron salir airosos gracias a un tanto salvador de Espí, la sensación es clara: el segundo tiempo fue inaceptable. No sirve excusar este bajón físico o táctico porque aquí hay algo más profundo; el equipo dejó que le dominaran buscando una contra que nunca llegó.
Con un derbi a la vista contra el Atlético en solo cinco días, las alarmas están encendidas. Esperemos que Mourinho encuentre la fórmula para evitar otro desconcierto en esta montaña rusa llamada Liga.

