La tarde del miércoles prometía fútbol en el Ciutat de Valencia, pero una tormenta feroz decidió que no era el momento. El partido entre el Levante y el Athletic Club, programado para las 21:30 horas, tuvo que ser suspendido debido a un césped completamente anegado y a varios puntos del estadio inundados.
Una lluvia torrencial que lo cambia todo
Desde que los jugadores salieron a calentar, las nubes comenzaron a descargar su furia. La lluvia fue tan intensa que provocó cortes de luz y dejó impracticable incluso el túnel de acceso desde los vestuarios al campo. Y no solo eso; la zona de prensa también se vio afectada. El árbitro Quintero González no tuvo más remedio que tomar la decisión lógica: suspender el encuentro.
Iñaki Williams, capitán del Athletic, lo dejó claro ante los micrófonos de Radio Euskadi: “No era día para jugar. Lo hemos intentado y hemos puesto todo de nuestra parte”. Con esta reflexión, quedó patente que tanto él como sus compañeros querían darlo todo en el campo, pero la naturaleza tenía otros planes. Los equipos abandonaron el estadio justo cuando debía comenzar la cita futbolística, con cada uno dirigiéndose hacia sus destinos: los leones al hotel y los granotas a sus casas.
Valencia estaba bajo alerta naranja por fuertes lluvias y las autoridades locales ya habían tomado medidas preventivas como cerrar parques y cancelar actividades al aire libre. La tormenta se hizo presente pasadas las 21 horas, trayendo consigo una previsión de hasta 40 litros por metro cuadrado. Así es cómo se desvanecieron las ilusiones de ver rodar el balón esa noche.

