La selección española de fútbol ha arrancado el Mundial de una manera que nadie esperaba, y mucho menos ellos mismos. Enfrentarse a Cabo Verde, el equipo más débil del grupo, debería haber sido un paseo, pero en lugar de eso, nos encontramos con un resultado inesperado: 0-0. Un verdadero desastre para los nuestros.
¿Qué ha pasado? La crítica está sobre la mesa y no se puede ignorar. Se suponía que España debía ganar este partido por goleada; algunos hablaban de tres o cuatro goles. Pero la realidad fue bien diferente: ni uno solo encontró camino hacia la red rival. Y lo peor es que las ocasiones brillaron por su ausencia. Claro, hubo un par de intentos tímidos, como ese remate estrellado de Ferran en la primera parte que nos hizo contener la respiración. Pero no pasó de ahí.
Un comienzo para olvidar
El ambiente estaba cargado de expectativas y esperanzas; sin embargo, ahora queda un sabor amargo en nuestras bocas. ¿Dónde quedó esa garra? ¿Esa capacidad para hacer vibrar a las gradas? Con cada minuto que pasaba, era más evidente que el equipo se había quedado corto ante un rival al que se le suponía inferior. No hay excusas válidas aquí.
Las palabras del entrenador De la Fuente durante las pausas de hidratación retumban en nuestra mente: “hay que darlo todo”. Pues bien, hoy parece que se han dejado algo importante en el vestuario. Nos preguntamos qué sucederá en los próximos partidos; si esto es solo un tropiezo o una señal alarmante de lo que está por venir. Sea como fuere, comenzamos el Mundial con pie izquierdo y es hora de rectificar antes de que sea demasiado tarde.

