La realidad es dura y, aunque muchos aún se niegan a aceptar lo evidente, el descenso del Sevilla está más cerca que nunca. Este proceso no ha sido de un día para otro; lleva gestándose desde hace tres años y parece que, en cuestión de semanas, podríamos enfrentarnos a una situación catastrófica si no ocurre un auténtico milagro.
Recuerdo esas conversaciones en la redacción de MARCA. Todos decían: «El Sevilla no va a bajar». Pero yo me encontraba cada fin de semana frente al televisor con una sensación de inquietud constante. ¿Cómo podía alguien estar tan seguro? Cuando los jugadores del Levante celebraban su victoria por 2-0 contra nuestro equipo, era como ver a nuestros sueños desmoronarse ante nuestros ojos.
Una situación insostenible
Yo escuchaba las risas de mis amigos mientras trataban de convencerme de que todo iba bien, pero la verdad es que esa tranquilidad era solo una ilusión. A cada partido veía cómo el equipo se sostenía con hilos finos, como si cualquier tropiezo pudiera ser el último. La tensión en el ambiente era palpable y cada derrota nos acercaba más al abismo.
No sé ustedes, pero yo tengo la sensación de que estamos viviendo momentos decisivos. En este punto, necesitamos algo más que palabras; necesitamos acción y compromiso por parte de todos para evitar lo inevitable. La pregunta es: ¿seremos capaces?

