Este fin de semana, el Palmer Basket vivió una montaña rusa de emociones al enfrentar al Caja87, y lo que comenzó como una jornada prometedora terminó siendo una lección amarga. En los primeros compases del partido, los hombres de Iñigo Núñez parecían tener todo bajo control, dominando el juego y llegando a tener una ventaja de once puntos. Sin embargo, la vuelta del descanso trajo consigo un cambio radical que sorprendió a todos.
Un partido lleno de sorpresas
Todo empezó con un Caja87 decidido a dar pelea desde el salto inicial. Con la primera canasta anotada por Bolavie y otro punto más gracias a Arroyo, los locales empezaron a marcar territorio. Pero no tardó en llegar la respuesta del Palmer: con una serie impresionante de triples, lograron poner el marcador 0-11 a su favor. La defensa del Caja87 parecía impotente ante tal ataque. A pesar del esfuerzo local por cerrar la brecha, el primer cuarto finalizaba con un 17-22 para los visitantes.
A medida que avanzaba el segundo cuarto, los jugadores del Caja87 intentaban mantener el ritmo marcado por sus rivales. Pero no contaban con la determinación de Mingo, quien hizo lo posible para que el Palmer mantuviera su ventaja hasta llegar al descanso con un cómodo 33-44. Sin embargo, tras regresar del vestuario, las cosas comenzaron a desmoronarse; un Caja87 revitalizado recortó rápidamente distancias hasta colocarse solo dos puntos detrás en un abrir y cerrar de ojos.
A partir de ese momento, ambos equipos se alternaban en la cima del marcador como si fuera un tira y afloja constante. A pesar de algunos momentos brillantes donde el Palmer recuperó su esencia defensiva, fue el Caja87 quien logró consolidar su juego y llevarse finalmente la victoria con un contundente 81-72 en casa. Un recordatorio doloroso pero necesario para unos chicos que prometen más este año.

