En el corazón de Mallorca, en el Colegio Ágora Portals, se está llevando a cabo una historia inspiradora. Carlos Cabezas, ese base que ha dejado huella en el baloncesto español, está celebrando la séptima edición de su campus de verano. Este evento no es solo una cita más en el calendario; se ha convertido en un auténtico faro para los jóvenes de la isla. Al hablar de su proyecto, Carlos no puede ocultar su emoción: «Es un orgullo estar aquí por séptimo año con mi marca».
Un legado que trasciende fronteras
Cabezas recuerda con cariño sus propios sacrificios y los de su familia. Para él, cada niño y niña que pasa por este campus representa una oportunidad única. Esa etapa vital es crucial, llena de decisiones que marcan el futuro. «Siempre mis padres estaban ahí», dice, evocando aquellos tiempos en los que luchar por un sueño era la norma.
A través de estas experiencias, Carlos se convierte en ese espejo donde muchos jóvenes se ven reflejados. Para él, ser un referente es un verdadero tributo a aquellos momentos soñadores en los patios del colegio cuando aspiraba a ser profesional.«Ser ese espejo para tantos chicos y chicas es algo enorme», comparte con sinceridad.
No solo eso, sino que este último tiempo ha sido especialmente emotivo para él. Después del éxito rotundo del campus CC10 en Marbella y un reencuentro inolvidable con sus compañeros campeones del mundo del 2006 –organizado por la Federación Española de Baloncesto–, las emociones están a flor de piel. Recuerda cómo fue volver a revivir esos momentos gloriosos: «Fue como un día más del Mundial», dice sonriendo.
A medida que el baloncesto local mira hacia adelante, Carlos tiene fe en nuevos talentos como Baba Miller y lo expresa sin reservas: «Es un chico con un futuro increíble». Su entusiasmo por el relevo generacional promete muchas alegrías futuras.

