El Real Madrid se presentó en el Allianz con la ilusión de dar un golpe sobre la mesa. Todo estaba listo para lo que prometía ser una gran noche, y aunque no sabremos si hubieran conseguido pasar a semifinales, el 2-3 ya era un indicio de que la prórroga estaba a la vista. Sin embargo, en ese último suspiro, Eduardo Camavinga, con su imprudencia, dejó al equipo en una situación complicada. La segunda amarilla puede parecer discutible, pero el daño ya estaba hecho.
Un comienzo esperanzador
La chispa llegó pronto gracias a Arda Güler, quien aprovechó un error monumental de Neuer para marcar un golazo casi desde medio campo. No pasaron ni dos minutos cuando hizo vibrar a los aficionados del Madrid. Y como si fuera poco, después clavó otro gol de falta que dejó sin palabras a todos. La emoción creció aún más cuando Mbappé, con un toque magistral tras un pase de Vinícius —que por cierto tuvo muy poco protagonismo—, marcó el tercer tanto del encuentro.
Pudo ser el momento decisivo cuando Mbappé estuvo a punto de poner el 2-4 tras un gran pase de Trent. Pero entonces llegó Neuer y con una parada espectacular le dio la vuelta a la historia. Al final, esa jugada se convirtió en una losa para el Madrid.
Aún así, hay que reconocer que los merengues dieron guerra al Bayern; estos pensaban que sería fácil y se encontraron con una resistencia feroz. Aunque no todo fue perfecto: algunos errores clave dejaron claro que hay mucho trabajo por hacer antes de la próxima temporada.

