En la jornada del pasado domingo, Hungría se despertó con un nuevo aire. La victoria del partido Tisza, liderado por Peter Magyar, fue como un grito en el desierto que reflejó el descontento acumulado hacia Viktor Orbán. Después de años de gobierno, el primer ministro sufrió una derrota contundente, dejando claro que los húngaros ya no estaban dispuestos a aceptar una economía tambaleante y una política exterior cada vez más alineada con Rusia.
El cambio está en marcha
Con más de 14 puntos de diferencia sobre su rival Fidesz, Magyar ha prometido abrir las puertas a una nueva era en Hungría. Un cambio que muchos ciudadanos han abrazado con esperanza, dejando atrás un régimen que consideran mafioso. “La actitud beligerante de Orbán hacia la UE dificultaba que llegaran los fondos necesarios”, explica Moisés Ruiz, profesor universitario. La realidad económica ha sido un factor decisivo; la inflación y el estancamiento han hecho mella en la vida diaria de los húngaros.
La participación electoral fue histórica: un 79,01% a nivel nacional y hasta un 82,19% en Budapest. ¡Esas cifras son todo un mensaje! Como bien dice Ruiz, “había muchas ganas de cambio”. El pueblo se pronunció claramente contra la agenda ultraconservadora de Orbán y su afinidad con líderes como Putin y Trump ha irritado a muchos. A pesar del apoyo estadounidense durante la campaña electoral, esto solo sirvió para dejar aún más claro lo incómodo que se sentían muchos húngaros ante esas alianzas.
A partir de ahora se espera que Magyar trabaje para desmantelar el legado problemático de Orbán y restablezca unas relaciones sanas con Bruselas. Ursula von der Leyen ya celebra este regreso a la senda europea como una señal positiva tras años tensos por políticas antidemocráticas. Sin duda alguna, esta derrota representa no solo un revés para Orbán sino también un soplo de aire fresco para Europa: “Esto va a ser el principio del estancamiento ultraderechista”, concluye Ruiz. Y así es cómo Hungría comienza a escribir una nueva historia.

