Desde Madrid, el 13 de abril, la situación en Líbano se ha vuelto insostenible. Las autoridades han dado un dato desgarrador: ya son casi 2.090 las víctimas mortales y más de 6.700 heridos a causa de los ataques llevados a cabo por Israel desde el pasado 2 de marzo. Este recrudecimiento del conflicto no solo afecta a las estadísticas; detrás de cada número hay una historia, una vida truncada.
Aumenta la desesperación en la región
El Ministerio de Sanidad libanés ha informado que, entre estos tristes números, hay 166 menores que han perdido la vida y 648 que han resultado heridos. En solo 24 horas recientes, se reportaron 34 muertos y 174 heridos. Es impactante pensar que este es el mayor ataque del Ejército israelí en un solo día, con más de 300 personas fallecidas y alrededor de 1.150 heridas. Y mientras tanto, ¿dónde está la paz? Las delegaciones de ambos países están programadas para dialogar este martes en Washington, pero el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, deja claro que no habrá tregua para Líbano.
Ciertamente, esta es una situación angustiante que nos recuerda la fragilidad de la vida y cómo muchos son los afectados por decisiones políticas ajenas a sus realidades cotidianas.

